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Desde Jerusalén, la llamada a todos los cristianos por una acción extraordinaria de oración



Todas las comunidades cristianas y todos los cristianos están invitados a participar en la oración extraordinaria de la Iglesia por la Reconciliación, la Unidad y la Paz, comenzando en y precedida por Jerusalén (Lc 24: 47), en la confianza de que las intenciones de esta oración se cumplirán en el mundo entero, de acuerdo con la vocación única de la Ciudad Santa: aquella de ser el histórico y simbólico punto de partida de las más bellas promesas y profecías de las Escrituras, y de ser un lugar de gracia especial para la familia humana (Is 2: 1-5).

Para los cristianos, la división de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, condiciona profundamente la carencia general de Paz. Por ello, la Iglesia Madre de Jerusalén llama a la Iglesia entera a una acción extraordinaria de oración por la gracia de la Reconciliación, la Unidad y la Paz, comenzando en la Ciudad Santa: una acción de oración que manifiesta, por su propia naturaleza, la adhesión a la Unidad que se requiere. La Iglesia Madre de Jerusalén llama a una gran oración intercesora para nuestro tiempo, espontánea y gozosa, nacida del corazón de los cristianos e inspirada por el Espíritu Santo.

El principio fundamental es que todos los cristianos oren juntos, al mismo tiempo, por las mismas intenciones. Si la unión de la oración en nombre de Cristo comprende la promesa de Su presencia entre nosotros (Mt 18: 19-20), la comunión de la plegaria de los cristianos prefigura verdaderamente la Reconciliación y la Unidad en el Espíritu dentro de la Iglesia: “En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Jn 13: 35).

Todos los cristianos están especialmente llamados a difundir esta oración de profunda e intensa fe, en este espíritu, de tal manera que la oración de toda la Iglesia pueda ser alcanzada por completo.
La propuesta básica es practicar una hora de oración cada sábado entre 7 p. m. y 8 p. m. en Tierra Santa, o entre 6 p. m. y 7 p. m. tiempo local en el resto del mundo. Para quienes no puedan participar de lleno, se sugiere una participación reducida (¡incluso unos minutos!), pero, preferiblemente, en el tiempo indicado.

“Mientras más se sumerge una época en la noche del pecado y en la distancia con Dios, más necesaria es la gente que ora unida a Dios. Y Dios no les permitirá fracasar. Desde la noche más oscura avanzan los más grandes profetas y santos. Sin embargo, en su mayor parte, este río de vida mística que se forma permanece invisible. Sin duda, los momentos decisivos de la historia humana están condicionados esencialmente por almas a las que no se refieren los libros de historia. Y nosotros mismos no sabremos a quién deberemos los momentos decisivos de nuestra vida personal hasta el Día en el que todo lo que está oculto sea revelado.”

Edith Stein